Desde que Don Fermín Cortázar bautizase la bodega, no ha habido ni una generación dentro de la familia que no haya trabajado con esfuerzo y dedicación por conservar el negocio familiar. Ha sido esta persistencia e ilusión la que hoy en día identifica y sostiene a la Bodega Cortázar.
Estos triunfos vinícolas se deben a la dedicación más plena de los cuatro hijos que llevan a cabo el negocio familiar: Miguel Cortázar, Pablo Camba, Raúl Cortázar y Emma Cortázar. Cuatro jóvenes expertos, apasionados por la tierra y la uva, que han conseguido poner el broche de oro a más de 120 ańos de trabajo y dedicación.



Secretario: Manuel Hernández es el nexo de unión entre las bodegas Cortázar y el mercado exterior. Su cuidada labor garantiza a los Cortázar la buena gestión de las mismas.
Ingeniero Agrónomo: Gustavo Arístides lleva varios ańos midiendo y cuidando la tierra donde reposan las vides de los Cortázar. Su objetivo es hacer de la tierra la mejor materia prima posible para el buen desarrollo de las vides.
La familia Cortázar pretende formar parte de todos y cada uno de los distintos pasos que se llevan a cabo en la elaboración de su vino. Una ardua tarea para obtener lo que les hace diferentes, únicos: un vino de calidad con su sello, con el sello Cortázar.
Lo que nos hace diferentes ha sido siempre el compromiso de calidad con el que las Bodegas Cortázar se fundaron en 1880. Una filosofía familiar que se ha conservado a lo largo del tiempo y que ha marcado los principios configuradores de la empresa.